El legado de Gabriel

Padre Gabriel izquierdo

 

Debemos rescatar las lecciones de sensibilidad y compromiso social dejadas por Gabriel: “Actuemos de acuerdo con nuestra consciencia, pero no seamos pasivos”

 

Un saludo afectuoso al Padre Germán Bernal y por su intermedio a la comunidad de los jesuitas en Colombia, a María Elvira Izquierdo, a María Cristina, María del Rocío, José Luis y con ellos a todos los familiares del Padre Izquierdo. Gracias María Elvira por invitarnos a participar de esta ceremonia en homenaje a Gabriel. A Jaime Heredia, Elisa Dulcey, y demás amigos de Gabriel que se han hecho presentes esta noche.

Un saludo a Nelson Bejarano, Ernesto Sastre y con ellos a todos mis compañeros bartolinos, bachilleres de la promoción de 1968; a ustedes, además muchas gracias por la confianza para representarlos con estas sencillas y breves palabras con que hoy refrendamos la admiración, el respeto y el agradecimiento a nuestro querido profesor.

Aunque es atrevido e injusto con su pensamiento, su personalidad y su obra, yo sintetizaría en tres palabras, la trayectoria vital de Gabriel, la misma que en mayor o menor grado ejerció influencia sobre todos nosotros: Religiosidad, Conocimiento, Compromiso.

 

Religiosidad

 

Discípulo de Iñigo de Loyola hasta la médula, Gabriel dedicó toda su vida de Jesuita a elaborar con el vigor y paciencia de un artesano la dimensión espiritual personal y colectiva y a reflejarlas genuinamente de manera comunitaria. Gabriel era religioso en todo lo que hacía: lo mismo en el canto y la música (recordemos un instante a Gabriel cantando “O SOLE MIO”), que, en el fervor de las ceremonias, o en la celebración de las semanas santas con campesinos pobres en municipios y veredas alejadas.

La suya fue una religiosidad practicante que nunca pretendió imponer sino enseñar con el ejemplo. Una religiosidad ligada al servicio de los más necesitados, ligada a la realidad social, a la historia, al arte a la cultura. Así entiendo su interés, empeño y dedicación durante el último período de su vida a la restauración de la Capilla de San José y de esta iglesia de San Ignacio donde aprendimos a querer los cantos gregorianos y en donde hoy nos reunimos.

 

Conocimiento

 

Con una formidable y rigurosa formación en antropología, sociología y psicología, Gabriel nos facilitó comprender, no obstante, nuestra juventud, que cualquiera fuera nuestro oficio o profesión en el futuro tendría que apuntalarse en el conocimiento científico.

Una de las inmensas fortunas que tuvimos en el Colegio Mayor de San Bartolomé fue la calidad científica de nuestra educación. Un sello de los jesuitas que en Gabriel se expresaba de manera genuina en la formación que nos brindó. Aún en la apreciación de los films que fueron objeto de estudio en el cine club fundado y dirigido por él, Hernando Martínez, Jaime Heredia… Gabriel hacía énfasis en la ciencia y las técnicas que permitían convertir las imágenes y el sonido en arte.

Hoy más de 50 años después, inconscientemente al ver una película continúo afanosamente buscando las claves para entender el guion e interpretar los mensajes encriptados del director. Estoy seguro de que ese, el alto valor concedido a la ciencia básica o aplicada es un denominador común en todos nosotros.

Independientemente de la diversidad de caminos en que nos embarcamos por la vida. En lo personal, fueron sus clases de historia de la psicología contrastando a Freud, Jung y Adler con Pavlov, Watson, y Skinner, las que motivaron que me presentara a la Universidad Nacional para estudiar esta carrera. Cuál no sería la sorpresa el primer día de clase al encontrarnos con Enrique Daza y Marcos Muñoz quienes también habían decidido estudiar las fascinaciones y misterios del psiquismo y el comportamiento humano.

 

Compromiso

 

Compromiso con la búsqueda de caminos para superar las inequidades económicas y sociales. Con Gabriel, muchos de nosotros hicimos consciente que las desigualdades injustas obedecen a causas específicas y modificables. No basta ser pobre para indignarse; hay que entender porqué. No se puede estar bien cuando hay quienes lo pasan muy mal.

A los interesados, Gabriel nos daba datos y estadísticas, pero además junto con otros jesuitas nos invitaban a conocer la realidad. Cuando nos acercamos al problema de la vivienda en Colombia, visitamos “Los Laches”, en esos días, un “barrio de invasión”.

Cuando nos interesamos por el problema agrario, se organizó un viaje a la Universidad Campesina de Buga. Cuando abordamos el tema de la injusticia social, partimos a la Isla prisión de Gorgona y convivimos con quienes allí pagaban largas condenas.

Aún, luego de terminado el bachillerato, continuamos el contacto con Gabriel y los jesuitas y fuimos a conocer de primera mano las condiciones de vida en comunidades afrocolombianas que habitan las riberas del rio Naya.

Cuando tomamos nuestros propios rumbos y pasaron los años siempre buscamos la oportunidad de reunirnos con Gabriel. La constante fue el encontrar que su compromiso siempre fue el mismo. Por eso no nos extrañaba saber de su trabajo con los pescadores del rio Magdalena, ni de su desvelos por la paz en la dirección del CINEP.

En la mirada política sobre la solución a los problemas del país, a menudo no estuvimos de acuerdo, y entonces cuando se prolongaba la discusión, optaba por preguntar por quienes entre nosotros los tiempos de universidad nos convirtieron en activistas, preocupado siempre por su bienestar.

En las tremendas crisis en que se debate el país actualmente, cuando las violencias se han envalentonado de nuevo, debemos rescatar las lecciones de sensibilidad y compromiso social dejadas por Gabriel: actuemos de acuerdo con nuestra consciencia, pero no seamos pasivos. En las elecciones de 2022 tendremos una gran oportunidad.

Finalmente, Gabriel nos dejó también como legado, el cultivar la amistad entre nosotros. La amistad es el mejor de los afectos. El Padre Gabriel Izquierdo fue nuestro maestro. Gabriel llegó a ser nuestros amigo.

Palabras para honrar la memoria, de nuestro profesor Gabriel Izquierdo